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Alessandro

Yo me asusté cuando me enteré...

Me enteré que tuve hepatitis B después de haberla tenido. Desde chiquito siempre he hecho deporte y he tenido la manía de hacerme exámenes de sangre para ver como estoy (mi psicóloga me dice “amor propio”). Tuve una novia que trabajaba en un hospital y me hice unos análisis con ella. Ella detectó que había tenido la hepatitis B, sin que yo lo supiera. Pero cuando me explicó los síntomas: cansancio, falta de apetito, mucho sueño, falta de concentración debilidad, entonces me di cuenta, que dos meses antes yo había tenido un periodo en que estaba así. Hice el antivirus, todo bien. No fue tan grave. No se hizo crónica. Negativicé, tengo esta suerte (¿Buenas defensas?)

Entonces, de ahí, empecé a pensar cómo fue y cómo no fue, cuáles motivos. Era 1992 y yo había recién llegado de un viaje en Asia, India, Tailandia, Malasia, Indonesia. Estuve en el Himalaya un mes y medio y cuando regresé a Nueva Delhi quise cortarme la barba, el pelo, estaba como un barbudo de la revolución cubana, después de un mes en el Himalaya, entonces ahí , no sé, a lo mejor ahí me infecté con la cuchilla. Un mes antes había ido a Francia con unos amigos y una mañana había pedido prestada una cuchilla a mi amigo, y el sí que había tenido hepatitis B, entonces, pudo haber sido ahí también. Alguien me contagió, no sé cómo. Sé que también se pega con los encuentros sexuales si la otra persona es positiva pero yo no tuve ninguno cuando estuve de viaje y entonces, lo voy excluyo. Me pongo a analizarlo, porque me asusté muchísimo, es el hígado, es una parte muy importante.

Luego, pasaron los años, todo bien. Yo tuve distintos problemas de adicciones, usé cuatro años de heroína pinchándome todos los días el primer año, hasta dos veces al día. Esto fue durante el servicio militar (en el 84) no puede ser esto por lo que tuve la B, no pudo haber salido después de 10 años pero ya el hígado no lo tenía bien.

Luego tuve un problema de alcoholismo. Cuando fui a vivir en La Habana, estuve viviendo en Cuba 4 años, ahí el ron es como el agua, tomas ron. Pasé un periodo, analizándolo bien, de alcoholismo, pero no un alcoholismo de este, con temblores, como lo pasan los alcohólicos, yo he visto alcohólicos que se tomaban, perfume… entonces, te quiero decir, que a lo mejor, seguí dañando el hígado, y no lo sabía. Luego, en La Habana, después de vivir ahí tres años hubo un brote de hepatitis A y casi el 80% de la gente se enfermó por que la sanidad cubana no entendía de dónde venía el brote. Luego lo pudieron identificar del sistema de aguas. Ahí me asusté de verdad porque consideré la hepatitis B que había tenido y luego las condiciones sanitarias, y siendo extranjero no podía ir a un hospital, tenía que ir a un hospital de paga y la mejor cosa era la prevención y me fui a hacer un análisis de hepatitis A, B y C, de una vez. Entonces salió que no tenía hepatitis A, había tenido la B pero sí era positivo a la Hepatitis C. Ahí me entró el pánico, fue durísimo porque me asusté realmente tanto que decidí, me costó trabajo eh, decidí no tomar más. De hoy a mañana. La cosa que descubrí es que el mundo está hecho para que la gente consuma alcohol, entra en la gente como si fuera una normalidad: no tomarte una cerveza, no tomarte un ron: no eres hombre. Cuando tomé esta decisión, me di cuenta de que cada vez que iba algún lugar, bar o restaurante y la pareja con la que iba se pedía de tomar, pedía una cerveza y un refresco; cuando lo traían, la cerveza era para mí y el refresco para la mujer. Cuando veían que yo le cambiaba la posición me veían raro. Eso pasa en la Habana, en Italia y en México, no hay lugar para el enfermo. Tienes que ser sano y tienes que ser un “vicioso” tu hombría es basada en una mentira. La persona que se enferma es culpa suya, es como con los cigarros las compañías que venden cigarros ya pusieron un letrero “si te enfermas es culpa tuya, no es culpa mía que vendo veneno” es igual con el alcohol.

Entonces esto comportó un cambio total de vida, tenía las transaminasas (la luz que se prende con la que tú te das cuenta que algo no va bien en el hígado) en 200 y no había manera de bajarlas. Lo máximo que pude bajarlas fue a 140 y había terminado de beber, fumaba menos, siempre estaba en descanso, nada de frito, nada de estrés, y así la llevé por lo menos cinco a seis años, pero no lograba bajarlo, porque yo tenía hepatitis C pero no sabía qué era, de qué se trataba.

Esto yo lo descubrí en el 96, en 2001 regresé a casa, había tomado la decisión de hacer la cura para la hepatitis C en Italia con interferón y un antivirus, la ribavirina. Antes yo pedí información a otra gente porque me di cuenta que hay un montón de gente que está enferma de hepatitis C, hay el montón que no lo sabe y unos cuantos que los saben. Entre los enfermos, nos empezamos a actualizar, a informarnos, entonces vine a saber a través de unos muchachos de la Habana que eran tóxico dependientes, que se habían hecho diez años de heroína y se habían contagiado de Hepatitis B y C cambiándose la jeringuilla (muchos amigos se murieron de SIDA) me dijeron que lo importante era saber qué genotipo era de hepatitis C si era la “a”, me podía curar, si era la “b” casi incurable. Entonces otra paranoia más: “me voy a morir a los treinta y pico de años y yo no me quiero morir”. Entonces cada vez que salía y mis amigos brindaban y yo estaba siempre con la lucha “me voy a morir o voy a brindar” y había unos que me decían: “¿Sabes qué? Se vive solo una vez” y yo les decía: “yo quiero vivir el más tiempo que pueda, porque yo solo conozco esta situación, esta onda y me la quiero disfrutar, si uno vive después o no vive después yo no lo sé y a mí me molesta, me duele dejar, el mar, dejar a las personas, el cielo, no sé, lo que yo conozco. Luego, lo teórico y lo espiritual te lo diré cuando me muera y te lo diré en tus sueños, tenías razón o no tenías razón, si se da el caso”.

Entonces al final me decidí y me fui a Italia. Fui al hospital de Spoleto, de donde soy yo que ahí la cura era gratis. Hablé con un hepatólogo que dijo: “vamos a ver qué genotipo tiene” y resultó que tenía el “a”. Las transaminasas a 200, no tan grave, yo estaba amarillo, se me manchaban las manos en la parte interna, se me despellejaban los dedos y tenía la boca seca, amarga por la mañana siempre y malestar en la digestión, no tenía una buena digestión por que el filtro, el carburador no estaba funcionando bien. Me voy con este doctor, vemos que tengo el genotipo “a”, no hay ningún problema y dice “vamos a hacer una quimioterapia por seis meses”. Ahí yo me asusté ¿cómo que una quimiorterapia? El Dr. me explicó que íbamos a usara usar el interferón y luego un antivirus, que tenía que tomar el antivirus siempre, cinco pastillas, dos por la mañana y tres por la noche y el interferón, inyectado, un día sí y un día no. Me dijo: “aquí está la receta, te vas a la farmacia del hospital, ahí te dan todo, primero por tres meses, una semana antes de que se te termine el medicamento vienes y te hago otra receta por otros tres meses”.

Entonces yo me fui a la casa, parado frente a todas las medicinas y jeringillas precargadas (de las que son a presión y tienes las dosis para dos días). Me pongo a ver las instrucciones ¡Su madre! Cuando vi las instrucciones y las contraindicaciones del tratamiento decidí que yo no me metería eso. Pensé: “prefiero estar así”. Además de todo, no podría hacer deporte y tendría que estar en descanso total. Entonces regresé al hospital al día siguiente y le dije al Dr. : “Oye ¿qué me diste? Me puse a leer las contraindicaciones y eso yo no me lo meto”. El Dr dijo “Si tú te pones a ver todos los medicamentos tienen contraindicaciones y nadie se tomaría nada” Yo le dije “Si, pero si yo me tomo una aspirina yo no me muero y esto tiene unas contraindicaciones… si no te cuidas…es nefasto, algo que… no quiero, me asusta” El Dr me respondió que si yo me quería curar eso era lo único que tenían, que nadie se había muerto por el medicamento y que yo no me iba a morir, que estaba en mejores condiciones que otros pacientes y me dijo: “Vas a casa y mañana te pones la primera, no hay alternativa”. Regresé a mi casa molesto. Pensando en el pasado de mi vida. Uno no se da cuenta, piensa que es inmune a todo, mentira, uno es súper débil, te llega un maldito virus, tu ni lo puedes ver y te mata. No es que viene uno con un bat y te da un batazo en la cabeza, lo viste, te puedes defender.

Entonces me metí a mi cuarto, eran las 6 de la tarde, nunca me voy a olvidar de eso, me hago la primera inyección y espero, después de una hora y media empecé a sentir escalofríos a lo largo de la columna y después un calambre en el cerebelo y luego unas vibraciones en la espalda hasta la mano. Después de 2 hrs y pico empecé a temblar, hago presente que era agosto y agosto en Italia hace 38 grados y en casa, mi casa era fresca pero había 25 grados, me pasé toda la noche temblando como si tuviera parkinson, no podía parar y no sabía qué era, no había remedio, seguía temblando, intenté hacer respiración, no tenía ganas e fumar, de tomar, comer, no sabía que hacer, tampoco avisé a mi padre para no asustarlo. Me quedé en mi cuarto y me fui a dormir. Estuve toda la noche temblando, tenía tres cobijas de lana y no podía parar. Temblaba muy fuerte, me daba pena mostrarme con mis padres por que se iban a asustar, me la tuve que vivir solo. Muy arrepentido de haber hecho lo que hice en mi vida, pero era ya demasiado tarde, me prometí en aquella situación que yo el alcohol no lo tomaría mas, y menos otras asuntos, eso yo me lo prometí y lo sigo manteniendo.

A las 8 de la mañana pararon los temblores pero estaba como si un autocar me hubiera atropellado, una mala vibra, una mala onda. Me faltaban 6 meses, 180 días, me faltaban 89 inyecciones, así era imposible y entonces, regresé de nuevo al hospital.

Le conté al doctor que me había puesto la inyección y que había tenido temblores toda la noche y que no creía que pudiera soportar pasar por eso 89 veces más. El Dr. me dijo que lo de los temblores se me quitarían sencillamente tomado un gramo de paracetamol, se me hizo injusto, me dio enojo tener que haber pasado la noche entera sufriendo y temblando yo solo y que no me hubiera dicho que eso podría suceder.

Seguí entonces la terapia que duró seis meses. A lo largo de la terapia, lo que me devastó fue la depresión, que se me quedó. Ahora sufro de depresión, por eso hago un montón de deporte, hago kung fu, hago gimnasio, para producir endorfina y estar bien.

La terapia también fue un detonante por el carácter, soy de carácter muy fuerte, soy diplomático para muchas cosas pero exploto muy rápidamente y esto también me lo detonó. Me ponía un día sí y un día no el interferón, el día que no me ponía el interferón, no me tomaba el paracetamol, me tomaba unas vitaminas para contrarestar el químico, pero estaba devastado al día siguiente, como si tuviera una resaca de un alcohol malísimo, para que puedan entender la sensación, y un pensamiento negativo como nunca, entonces en aquel periodo me metí también muchísimo hasish o mariguana que me ayudaba muchísimo a manejar el malestar, a no tener estas paranoias, pasé un buen periodo fumando. Lo que si no me quitó fue el apetito.

Para inyectarme debajo de la piel necesitaba alguien que me ayudara, lo hacía un día en la pierna derecha, un día en la pierna izquierda, otro día en el brazo derecho, otro día en el brazo izquierdo. Necesitaba ayuda cuando las inyecciones eran en el brazo por que iba alternando ya que no era aconsejable en el mismo lugar, se amorataba todo y se perdía el pelo, yo perdí el pelo de todas las piernas y de los brazos (cuando lo dejé de usar creció de inmediato)

Ahora la terapia ha cambiado, se usa un interferón pegilado, una vez a la semana, menos agresivo.

Fue un caso de las demás personas adelgazaban pero yo engordé. Los primeros tres meses así la llevé. Me aliviaba distrayéndome con otra cosa. A los tres meses hicimos pruebas para ver si seguía vivo el virus y el virus ya se había muerto. Ya había hecho anticuerpos, pero el Dr dijo “hay que terminar la terapia” porque a veces hay casos en que el virus se duerme cuando interrumpes la terapia y luego regresa. Entonces los otros tres meses fue más duro todavía por que el interferón mas te metes, más lo usas y más te pone mal. Por ejemplo miraba una película, un programa, una entrevista o que el Papa decía una cosa y yo caía en depresión total, todo me pegaba durísimo, era una cosa impresionante y mi Dr de familia me dio un calmante para la depresión entonces yo llegué a tomar más de diez pastillas al día. Era un coctel. Cuando veía todo el bulto de medicina y pensaba lo que había hecho anteriormente, no tuve a nadie que me diera una cachetada para que me despertara y no hiciera lo que hice, pero lo tuve que aceptar lo que fue fue y punto. Yo lo hice, nadie me mandó. Pero, si yo tuviera la posibilidad de regresarme en el tiempo no lo haría. Si yo un día, tengo 50 años, pudiera tener un hijo que tuviera un problema de drogadicción o alcoholismo, yo no le haría la guerra. Haría todo lo posible para cambiarle la situación, porque el ambiente es un factor muy dominante para que la gente caiga en los baches de esta sociedad moderna. Te estoy hablando de que hace 100 años la gente se fumaba el opio y se masticaba la hoja de coca, y ya. Los acohólicos, siempre hubo, pero no era a portada de todo mundo por que tenían en otra cosa que pensar. El bienestar te lleva al vicio. No, no le haría la guerra a mi hijo o al prójimo porque lo acomplejaría, porque cada uno es consciente de lo que hace, es libre, pero hay gente que es más fuerte.

Regresando a la terapia, lo tuve que hacer tres meses más. Yo ya vivía aquí, ya trabajaba aquí y tuve que regresar a México para trabajar y fue algo nefasto por que el interferon con la altitud es más pesado, peor. Yo me hice el interferon aquí un mes, vine con todo el equipo, con un permiso del médico de familia para que me dejaran pasar con todas las medicinas y de verdad fue nefasto, entre la depresión y el mal humor fue impresionante y vi la diferencia. A México vine con un amigo que me aguantó muchísimo y me ayudaba cuando me inyectaba en los brazos. Cuando llegué y seguí con la terapia vi que me sentía mal pero, pero yo no sabía que era, yo pensaba que era porque llevaba ya cuatro meses con la terapia pero cuando regresé a Italia vi la diferencia y entonces supuse, esa es mi lógica, que la altitud, la falta de oxígeno. Y entonces me regresé. Me regresé a Italia, me hice el examen y vi que ya había negativizado seguí y yo me acuerdo que las últimas dos inyecciones las hice de mala gana. La penúltima, ya estaba yo casi por regresar a trabajar a México y ya no aguantaba más. Ya estaba harto, perdí todos los pelos de las piernas y los brazos. Entonces la última inyección ya estaba yo por venirme para México en un hotel de Roma, y tenía la última jeringuilla. El antivirus lo había tomado en la mañana, ya era lo último, y tomé la jeringuilla y la tiré a la pared, no pude. Me sentí libre. Era enero de 2002.

Desde el tratamiento, las depresiones nunca me abandonaron y lamentablemente sigo sufriendo depresiones, hace ya 14 años.

El mal humor lo controlo muchísimo pero, quien está enfermo del hígado tiene este problema, no tiene buen humor, lo puedes tener a momentos. Puedes tener días que estás bien y uno mismo se pregunta por qué. Es una cuestión química. El deporte me ayuda muchísimo.

Estos trece años he tomado control cada 6 meses, transaminasas bien. No tengo el virus, pero esto no significa que puedo volver a la vida de antes, nunca tomo, tal vez una cerveza cada dos meses. No lo extraño porque lo lindo es que cuando dejas de tomar alcohol y luego vuelves a tomarlo y sientes que se sube a la cabeza y que ya no tienes el control, eso ya no me gusta. No soy una persona que llore o se ponga agresivo, al contrario, me pongo simpático, pero al día siguiente estoy madreado. Me pongo a pensar ¿para qué? Estar bien dos horas, cuatro horas para después estar mal dos días, no.

Hay mucho que disfrutar, es un planeta fantástico, mucha comida buenísima, mujeres hermosas, cáele bien a la gente… hay que quererse, porque si no te quieres tu nadie te va a querer. Lo demás es un coadyuvante pero al final lo que te ayuda eres tú. Si tienes amor propio es lo que te va a salvar el pellejo. Si no lo tienes para que te engañas, no engañes al prójimo.

Tengo muchos amigos que han muerto, por la heroína, que han ido a centros de rehabilitación, que han estado ahí, al pie del cañón cuatro años. Yo nunca he ido a un centro de rehabilitación, tomé la decisión de dejarla, como tomé la decisión de dejar el alcohol. Por que se vive solo una vez y antes de morirme yo quiero disfrutar de lo que tengo y vivir al máximo. Tuve que cambiar mis amistades, me dijeron que era un falso, pero no se trata de eso. La gente es egoísta y se muere de miedo, quiere siempre algún cómplice, no ha y que tener cómplices hay que ser coherentes y hay que ser fuerte. He pasado muchos problemas, este de la hepatitis me asustó muchísimo. Aprendí mucho y sé aconsejar a la gente pero he visto que a veces la gente no quiere, se ahoga en sus problemas. Pero cuando uno empieza a disfrutar lo poco que tiene y a enriquecerlo, eso sí que es una droga, lo más rico que hay.

Cuando dejé la heroína, mayo 88 estaba en el baño, mi papá durmiendo y yo me meto en el baño con mi dosis de heroína, hice todo mi ritual, calenté la cuchara, la “brown sugar”, herví el agua, se disolvió, puse el filtro del cigarro jalé y me estaba pinchando, pero no se qué paso, no encontraba la vena, me pinché varias veces y tenía el brazo sangrando, me miré al espejo y ahí de verdad me di asco, verdaderamente me di asco y pensé en mi papá, mi mamá había muerto hacía 5 años, a lo mejor fue eso el detonante de que yo quisiera la heroína, y pensé en mi papá, en lo bienes que yo había tenido a nivel afectivo, ese fue el ultimo día, después de aquel día no la volvía usar, me demoré un año, tuve una ayuda de una mujer más grande que yo que estuvo al lado mío, me hizo muchísimo el amor, me dio a tomar un vino buenísimo que era de sus padres, me dio cariño y me ayudó muchísimo. Tuve que eliminar a mis amigos, no salí de casa en un año, no fui a terapia ni a un centro de rehabilitación, me puse mis propias reglas. Fue lo mismo con la cocaína y el alcohol, tengo muchísima experiencia y por eso hablo de estos vicios que me llevaron a la enfermedad del hígado, no es que yo estaba bien y mi hígado se enfermó. Ahora hago deporte, me gusta la adrenalina y mi testimonio lo confirma, por eso mi proyecto para este diciembre es tirarme de los seis mil metros en Tequesquitengo, ESO es droga; me inscribí al kung fu (mira que inscribirse al kung fu a los 50 años…) vestirse bien, comer bien, caer bien a las mujeres, eso es droga.

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