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Juana

Amanecí diferente...

8 de diciembre  de 1982

Amanecí sintiendo mareos y debilidad, me zumbaban los oídos y me desmayé por lo menos 5 veces. Lo adjudique a que ese día firmábamos el cierre de la testamentaría de mi padre quien había fallecido diez meses antes. Llegamos por fin a casa cerca de las siete de la tarde y ya no pude más. Entre desmayo y desmayo le pedí a mi marido que le hablara al doctor y a mi prima que vivía a dos casas y me llevara al hospital. Me operaron de emergencia descubriendo que por un embarazo ectópico había perdido más de la mitad de  mi sangre.

2 de noviembre de 1998

Amanecí con los ojos rojos y supuse que me había dormido con los ojos abiertos y se me habían pegado a las sabanas. Manejé al consultorio de mi oculista quien por primera vez me tomó la presión, me preguntó cómo había llegado ahí y si tenía un medico de confianza. Me mando de regreso a la casa y que le avisara al llegar. Le llame y me mando a ver al doctor para que me recibiera de emergencia.

Como yo no era paciente suya sino mi marido me levantó un cuestionario muy extenso. Ya estaba por irme pues lo que tenía era la presión arterial altísima, cuando recordé lo acontecido hacia ya 16 años 10 meses y 6 días. Me hizo volver y me agregó un montón más de análisis que me tenía que realizar.

15 de noviembre de 1998

Llegue al consultorio y se sentó frente a mí, me miro muy fijo a los ojos y me informó que tenía hepatitis B y C, que ambas eran enfermedades silenciosas, muy serias y que los tratamientos que entonces habían no eran muy efectivos. Me dijo que me iba a mandar con el mejor especialista en hepatología que había según él, no solo de México sino del mundo entero, pero que tenía que entender que las probabilidades de curación andaban abajo de 50%. Me dijo, estas fueron sus palabras: " Pero si el tratamiento no resultara, te prometo, chaparrita, que yo te prometo la mejor calidad de vida por cinco o seis años".

El camino de regreso, manejando yo sola, sin aún haber cumplido 50 años, y con hijos que yo sentía que aún les hacía falta, me trajo a la mente una y mil cosas.

1999

Antes de iniciar el tratamiento me tenían que hacer una endoscopía, biopsia de hígado y mil estudios más.

Entre todo aquello acompañé a mi marido a St. Petesburg, Florida y mientras él asistía a sus conferencias yo caminaba por el malecón, a veces llorando, a veces pensando, a veces rezando, de arriba abajo, de abajo arriba, hasta que me cansaba y regresaba al cuarto de hotel a tirarme, sin leer ni prender la tele, solo escuchando a las gaviotas pasar volando.

Finalmente llegó el día de iniciar el tratamiento. Se siente solo como una leve gripita, pero no, te da calentura, te duelen las articulaciones, tienes nauseas, bajas de peso y antes de pasar un mes te vez diez años más vieja, débil y fea.

2000

Habían ya pasado 14 meses de tratamiento y los resultados no eran buenos. Había que suspender y recuperar las fuerzas, pero ya se hablaba de un nuevo tratamiento sin 3 inyecciones x semana, y menor duración y efectos secundarios.

2003

Una vez más comenzaba el tratamiento con Rivabirina e Interferón Pegilado. Era tan solo una inyección a la semana, no perdía tanto pelo, aunque las canas ya la tenía. No me sentía tan mal y por ahí del cuarto mes el Dr. K. me dio la noticia de que ahora si estaba respondiendo aunque tenía que hacerlo por los 12 meses.

2015

Han pasado ya 17 años, de 6 a 17, no está mal, no ? En vez de enflacar, engordé, a los 65 años ya no te importa cómo te ves mientras te sientas bien. He sufrido efectos secundarios que yo adjudico al tratamiento, aunque los doctores no, pero también puede ser por los años. A veces me checo cada 3 o 6 meses, según me ve el doctor, pero en general llevo una vida sana.

Hoy en día los tratamientos son mucho más cortos, por lo que leo de quienes están llevándolos, son en algunas personas igual de dolorosos, son muy costosos, pero de 14, y 12 meses a 3 ó 4 meses van de gane.

Si alguna vez tuviera que hacerme el tratamiento otra vez si lo haría, pero prefiero cuidarme.

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